El logopeda para la estimulación cognitiva de personas con deterioro

Un artículo de Amelia Martín,
Neurologopeda en Centro de Habilitación MEB
y Vocal del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid

El deterioro cognitivo se contempla como la presencia de diversos síntomas y signos que conllevan un deterioro intelectual de la persona, lo suficientemente importante como para interferir en el desarrollo de su vida cotidiana. Este deterioro puede tener su origen en una enfermedad neurodegenerativa (causada por la disfunción o muerte de las células del sistema nervioso central), pero también puede deberse a trastornos vasculares, infecciones que afectan al sistema nervioso central, uso crónicos de drogas, hidrocefalia crónica del adulto, lesión cerebral por traumatismo, tumor cerebral, enfermedades desmielinizantes (esclerosis múltiple) y trastornos metabólicos.

Las enfermedades neurodegenerativas más comunes que cursan con deterioro cognitivo son la Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Parkinson, Enfermedad de Huntington, Enfermedad de Lewy, Demencia Frontotemporal, Parálisis Supranuclear Progresiva, algunas Ataxias Espinocerebelosas y Esclerosis Lateral Amiotrófica asociada a demencia frontoparietal.

Este deterioro cognitivo se puede ver reflejado en distintas áreas cognitivas como son: la atención, el lenguaje, las gnosias, la memoria, las praxias, las funciones visuespaciales, las funciones ejecutivas y la conducta. La presencia de estas alteraciones varía según la enfermedad. La manifestación de las mismas es muy diversa según la enfermedad, su estadio e incluso según la persona y su entorno. Aunque a día de hoy, su desarrollo no se puede prevenir, las terapias no farmacológicas persiguen el objetivo de conseguir mantener la autonomía personal buscando que el impacto en las actividades de la vida diaria sea menor y aumentar así la calidad de vida de la persona afectada, de su entorno familiar y cuidadores.

Abordaje multidisciplinar y personalizado

Entender la persona como un todo y no como la suma de partes hace que el planteamiento del abordaje para conseguir los resultados más óptimos se realice de manera global. En él deben intervenir neuropsicólogos, terapeutas ocupacionales, logopedas, fisioterapeutas y trabajadores sociales entre otros; cada uno con un papel específico, coordinados entre sí y ante todo con la perspectiva única que debe ser el paciente y los objetivos del mismo.

Como logopedas, nuestra actuación terapéutica en líneas generales la dirigimos a lentificar la evolución de la sintomatología manifestada, potenciar las habilidades lingüísticas y de comunicación conservadas, estimular el lenguaje en sus diferentes modalidades (comprensión y expresión escrita y oral), incentivar el lenguaje espontáneo de situaciones cotidianas, mejorar la integración social del paciente y ofrecer orientaciones y herramientas a la familia y al entorno.

Así pues, la logopedia dentro del deterioro cognitivo, pone el foco en el área del lenguaje (oral y escrito) y la comunicación. Sin embargo, este aspecto no puede nunca hacernos perder de vista las demás alteraciones que se puedan dar en las demás áreas cognitivas antes mencionadas (memoria, atención, etc.) ya que estas, como categorías, son “compartimentos” estructurados para facilitar el estudio y la investigación, pero totalmente indivisibles e interconectadas en el desarrollo del día a día de la persona. Así por ejemplo, el lenguaje se ve afectado ya sea como consecuencia del deterioro de otros procesos cognitivos (ej. memoria) o del mismo deterioro de estructuras fundamentales para el lenguaje.

Aspectos del lenguaje (en enfermedades neurodegenerativas)

En el entorno de las enfermedades neurodegenerativas, tenemos que tener en cuenta dos aspectos:

La evolución y forma de la afectación del lenguaje será distinta dependiendo de la enfermedad, su evolución y la fase en la que se encuentre (y por supuesto, de la persona). Si bien en algunas enfermedades neurodegenarativas la afectación en el lenguaje es menor o no se da en las primeras fases de la enfermedad, en otras es una manifestación clínica inicial, como en el caso de la Afasia Logopénica o Afasia Progresiva Primaria, relacionada como forma clínica de la Enfermedad de Alzheimer.
Incluso cuando el lenguaje no sea el área mayoritariamente afectada, pueden existir otras alteraciones, tanto cognitivas como conductuales (apatía) y motoras (disartria) que impiden que la persona pueda tener una comunicación eficiente y satisfactoria.
Algunas de las características del lenguaje y la comunicación que pueden aparecer debido al deterioro cognitivo serían:

Déficit nominativo: dificultades para encontrar la palabra adecuada lo que produce alteraciones en el léxico, que pueden resultar en ecolalia, circunloquio y errores parafásicos. Esto puede venir agravado además por la incapacidad de reconocer objetos o situaciones a denominar.
Reiteración, divagación, lentitud y frases sin terminar.
Dificultades en la lectura, aunque suele permanecer más preservada que la de la escritura o la denominación. Se ha comprobado que la lectura mecánica, generalmente, es uno de los aspectos más resistentes al deterioro.
Escritura: errores gráficos y ortográficos.
Distanciamiento comunicativo: Se evitan las conversaciones complicadas o de carácter intelectual, disminuye la iniciativa al dialogar.
Empleo de frases y palabras superficiales: “Bien, eso es” o “Estupendo”
Olvido de la gramática y la construcción de frases.
Pérdida del hilo de las ideas al conversar.
Pérdida del disfrute de la lectura y escritura.
Comprensión: los errores de comprensión aumentan
Intervención logopédica y estimulación cognitiva

A la pregunta que nos hacen muchas familias sobre cuándo se debe comenzar el tratamiento con logopedia en estos pacientes, solemos comentar que las posibilidades de obtener beneficios del tratamiento son mayores cuanto antes se inicie la rehabilitación y estimulación cognitiva, ya que en las etapas iniciales de las enfermedades neurodegenerativas la estimulación cognitiva logra preservar el estado intelectual del sujeto durante más tiempo. Esta premisa de intervención precoz no significa que el tratamiento no vaya a resultar beneficioso si ya ha transcurrido un tiempo desde el comienzo de la enfermedad.

La intervención en el ámbito del lenguaje y la comunicación se apoya fundamentalmente en las habilidades conservadas y en el control de aquellas áreas afectadas. Por ello, no es suficiente con conocer los aspectos lingüísticos de la persona, sino que es imprescindible conocer la situación cognitiva, física y conductual de la misma.

Dentro de la intervención logopédica (y de cualquier intervención terapéutica), un aspecto fundamental a tener en cuenta son los intereses previos y/o actuales de la persona, situaciones que le resulten reales y cercanas. ¿Qué se consigue con ello? Por una parte, facilitar la adhesión de la persona a la terapia; por otra, facilitar la comprensión de la tarea evitando incorporar más carga cognitiva de la necesaria. Así pues, los materiales de base pueden tener una temática tan variada como variados pueden ser los intereses de la persona a la que dirigimos el tratamiento.

El enfoque específico para cada caso consistirá en determinar, junto con la persona afectada y/o con familiares y cuidadores, cuáles son las necesidades que se quieren cubrir y qué habilidades de las que disfruta o disfrutaba se quieren recuperar o mantener de la mejor manera posible.

Hay que tener en cuenta, además, que las enfermedades neurodegenerativas pasan por distintas fases durante las cuales la gravedad de las alteraciones y trastornos evoluciona en sus varias afectaciones. A consecuencia de esto, la orientación de los objetivos y tratamientos habrán de adaptarse continuamente a dicha evolución para que el objetivo sea realista y de utilidad para la persona y se consiga mantener las capacidades el mayor tiempo posible. Así pues, la duración de la estimulación cognitiva no tiene un momento claro para su finalización, por lo que hay que contar con el apoyo y coordinación de familiares y cuidadores durante todo el trabajo terapéutico.

No existe por tanto un tratamiento único para cada enfermedad, ni para cada déficit, ni siquiera para la misma persona en sus distintas fases. La adaptación del tratamiento y sus objetivos obligatoriamente tiene que venir definida por la situación específica de la persona, las necesidades a cubrir que nos ha demandado la persona, habilidades conservadas y capacidad de adaptación del entorno a las mismas en caso de necesidad.